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Dirección General de Cultura - Institución Príncipe de Viana
Gobierno de Navarra

Escape room: El robo del Toisón

Museo del Carlismo (Estella-Lizarra)

18/05/2018 - 14/10/2018

El Museo del Carlismo invita a participar en el escape room: "El robo del Toisón", que se inaugura con ocasión del Día Internacional y la Noche Europea de los Museos el 18 de mayo de 2018 y permanecerá abierto hasta el día 10 de octubre de 2018.

El escape room: El robo del Toisón, ideado por el Museo del Carlismo y diseñado por la empresa Proyectos de Escapismo, se enmarca dentro de la oferta lúdico-educativa del Museo del Carlismo, equipamiento cultural inaugurado en el año 2010 por Gobierno de Navarra.

Es una actividad de investigación diseñada para grupos de amigos, con un máximo de cinco participantes mayores de 14 años de edad que, cual sagaces detectives, deberán resolver el misterioso robo de una joya histórica en un tiempo máximo de 40 minutos en el que pudo ser el escenario del delito, una habitación del Hotel de la Ville de Milán (Italia).

Es una propuesta gratuita que requiere reserva en el teléfono: 948 55 21 11

La actividad tiene una duración íntegra de 60 minutos.

Comienza con una visita de 10 minutos a la exposición permanente del Museo del Carlismo que sirve para recopilar información de gran utilidad. Los participantes visitarán cuatro piezas claves que en sus cartelas tienen las pistas necesarias para resolver el misterio. A continuación conocerán la historia del robo y serán informados de las reglas de la sala. Historia del robo Finalmente, pasarán al escenario del juego y tendrán 40 minutos para realizar su investigación. 

Tras finalizar la Segunda Guerra Carlista (1872-1876), Don Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este, pretendiente carlista al trono de España con el título de Carlos VII, encomendó el Partido Carlista a un joven militar, emprendedor y con ingenio, Carlos González Boet, conocido como Boet.

En 1877, Don Carlos pidió a Boet, a José Montagut y Suelves, vizconde de Monserrat, su ayudante de órdenes, y a Francisco Lorenzo Arbulo, su camarero de confianza, que le acompañasen en una visita a Viena. 

El objeto de este viaje, fue llevar a cabo unas negociaciones del pretendiente carlista en relación a la herencia que había dejado tras su fallecimiento el duque de Módena, tío de Don Carlos, ya que como familiar suyo tenía derecho a una parte de la herencia en recuerdo al parentesco que les vinculaba. 

Tras un mes de negociaciones en Viena, Carlos VII consiguió convencer al Archiduque Carlos Luis de Austria de que le entregase un Toisón de oro valorado en 85.000 Ptas. 

Una vez entregado el Toisón, Don Carlos partió hacia Gantz para visitar a su madre y su hermano Alfonso Carlos, que allí residían. En Gantz se retrató con el Toisón y emprendió el camino de regreso a Francia, paró en Italia para visitar Venecia primero y Milán después, donde se alojó en este hotel, el Hotel de la Ville.

El día 13 de diciembre, tras comer con el conde Galvani de Milán, mandó a su camarero Lorenzo, quien custodiaba la joya y el resto de sus pertenencias, a buscar el Toisón con el fin de enseñárselo al conde. Pero Lorenzo volvió informando de que el Toisón había sido robado. 

Lorenzo indicó que él había guardado el Toisón en un estuche cerrado, colocándolo a su vez en una cartera de viaje cerrada con llave. En los hoteles que visitaban lo depositaba en muebles cerrados y durante el viaje lo ataba a su cuerpo. En ningún momento se separaba de las llaves de las cerraduras que custodiaban la joya.

Se examinó el estuche, la cartera y el mueble del hotel donde se había guardado la joya ese día, pero no habían sido forzados. Junto con la joya, en la cartera, había una gran cantidad de dinero en efectivo que no había sido sustraída. 

Nadie entendía nada, y menos Lorenzo. Él estaba seguro de no haber perdido jamás las llaves y de que en el cuarto donde se custodiaban las joyas, mientras él dormía, nunca entró nadie. Tampoco tenía claro el lugar donde se produjo el robo, puesto que no se había vuelto a abrir la cartera desde el día en el que Don Carlos se había retratado con el Toisón en Gantz.

Don Carlos denunció el robo en la comisaría, pero no denunció al hotel ni a los empleados, a pesar de que es lo primero que suele hacerse en estos casos. Este dato llamó la atención de la policía.  También levantó sospechas que el pretendiente no citó como declarante a Boet, a pesar de estar presente en todo momento acompañándole en su viaje, pero sí lo hizo con el resto de los acompañantes que ocupaban cargos inferiores en su comitiva. No solo no lo involucró, sino que evitó que la justicia lo investigara. 

Pocos días después, la prensa se hizo eco de la noticia y todo el mundo en Europa creyó de buena fe en el robo del Toisón de Carlos VII. Sus oponentes se alegraron y los carlistas se sintieron contrariados.

Una vez realizadas las declaraciones, y al no haber sospechas sobre un posible culpable, el séquito de Carlos VII viajó a Turín y desde allí a París, donde Boet pidió permiso para ausentarse y visitar a su familia en Bayona.

A principios de enero de 1878, Boet fue desterrado de Bayona y se retiró a una granja en Tolosa, perteneciente al marqués de Alex. Las autoridades de Bayona le permitieron establecerse allí siempre que abandonase sus actividades a favor del Partido Carlista. Boet cambió varias veces de residencia ocultando así su paradero a los carlistas.

En este mismo periodo, la esposa de Boet comenzó a vender diamantes a los joyeros de Bayona discretamente. Este hecho llamó la atención en el sector y se comenzó a sospechar que las piedras eran fragmentos de la joya robada. 

La noticia llegó a la prensa y en toda Europa se empezó a pensar que el ladrón del Toisón había sido Carlos González Boet.

Los allegados de Boet dudaban de que fuese cierto, pero sabían que él estaba arruinado y que la procedencia de las joyas que vendía su familia era incierta.

Cuando todo esto llegó a oídos de Don Carlos, este exigió el arresto de Boet.

El 10 de marzo de 1878, Boet, buscando arreglar su situación, envió a Don Carlos un gran paquete de diamantes a través de uno de sus ayudantes, reconociendo así que las piedras pertenecían al Toisón robado. Don Carlos aceptó el envío y reclamó el resto de las piedras que habían sido vendidas.

Al no disponer de ellas y estando Boet en paradero desconocido, posiblemente en Rusia, las autoridades arrestaron a su esposa. 

A principios de mayo de 1878, Boet se entregó en Roma a la justicia de forma inesperada y comunicó a través de un manifiesto que se distribuyó a la prensa la noticia de que la familia de Carlos VII estaba arruinada y que fue el propio Don Carlos quien orquestó el robo de la joya para poder venderla y cubrir así algunas deudas.

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